Me encuentro ante un libro con pensamientos lúcidos e incendiarios que de llegar a manos equivocadas conducirían a una catástrofe. No estamos ante el primer llamado al no hacer, no estamos ante nada que no hayan dicho y llevado a cabo ya otros, estamos ante un libro de contra-ensayos: textos experimentales que van en contra de la buena costumbre del trabajo. Textos que, como el título del libro señala, son Escritos para desocupados, pero también para aquellos que buscan desocuparse, para aquellos aburridos de la vida y  hastiados de la ineludible monotonía. Este libro me pone rápidamente ante una encrucijada: ¿cómo sortear el ocio que genera la inmovilidad si no estamos cargados de imaginación?

Escritos para desocupados se compone de una serie de textos que se fueron publicando periódicamente en la red y que su autora compila en un libro para el disfrute de todos aquellos que aún optamos por los libros y los ensayos como medios de conocimiento. La experimentación dentro del libro, tanto en su estructura narrativa como en el juego de imágenes, da cabida a una lectura fluida y participativa. El ensayo se vuelve proteínico y nos hace sentir cómodos para escuchar con atención los argumentos.

Mt_Recomendaciones-abril-2014_10El libro nos da las herramientas teóricas y prácticas para dejar a un lado el trabajo −renunciar− y salir avante. Nos cita a otros ociosos, así como su postura ante el trabajo, y propone una genealogía del ocio para saber quiénes son los padres corruptores. Sin dejar a un lado lo cómico, nos narra los problemas que aquejan a este atribulado milenio y lo que probablemente sucedería si se sigue el camino que hasta ahora delinea nuestro porvenir.

La autora, Vivian Abenshushan, dice:

Dejar la fila india sin remordimientos de clase, sin temor a perder el turno. Al final de cuentas, no importa en qué lugar de la escala nos encontremos, todos hacemos fila hacia la muerte, la gran democratizadora.”

Pensemos que la muerte nos redimirá de todo, se llevará desde los más grandes empresarios y políticos corruptos, hasta los santos de los últimos días, pero en la tierra ¿qué nos queda? Este aforismo nos indica que dejar a un lado el tiempo es cuestión personal, que no necesitamos amarrarnos a loque se ha impuesto desde la agobiante burocracia. Quiero pensar que perder el turno de una fila es también ser un anarquista del tiempo, tema que también toca este libro.

Conocí a un muchacho sensato y libre. Le pregunté: “¿En qué trabajas?” me respondió: “En mí mismo”

Esta otra idea, algo cínica, la he escuchado también de un amigo, el cual pasa sobre su tiempo como con una aplanadora, y algo de lo que puedo estar seguro es que lo hace tan bien que se ha instalado en ese cómodo placer de no hacery trabajar para sí mismo. Este ejemplo vivo me hizo comprender desde otro punto de vista el libro y me hizo pensar en mi vida como un empleado más de una tienda, donde debo estar sentado en un banquito, siete horas a la semana de lunes a sábado.

Cualquiera puede no hacer, pero no cualquiera puede disfrutarlo. Muchos podrían permanecer tirados sobre su cama, rascándose los testículos, pero sintiéndose desdichados; contrario a lo que otros pueden hacer con una gran imaginación y tiempo libre, aunque el ocio sea meramente estar rascándose los tanates.

El ocio es otra corriente de nuestro espíritu, más insubordinada, que intenta devolverle al hombre su soberanía con respecto al ídolo del trabajo”.

Cuando no se hace nada, uno se encuentra ante la plenitud del universo, ante lo inacabado, pero también ante lo estable. Se piensa, pero el flujo no se trasmuta en acción; no se engendra idea alguna que pueda ayudar a mover una mano. Nos encontramos ante la nada y nos gusta. Simplemente un no hacer anclado en un tiempo-espacio que creamos para nosotros mismos, paranuestra soledad insalubre.

Lo hice en algún momento: me separé de la masa que camina día a día y trabaja desaforadamente para comprar. Aquí la palabra que se manifiesta para que el trabajo se haga una acción vivificante: comprar, comprar, vamos a comprar, cualquier cosa, cualquier sinsentido, pero comprar, ganamos dinero para comprar lo que se nos pegue la gana, trabajo para comprar. ¿Me reviento el lomo diariamente para no comprarme esos zapatos que vi en el aparador la otra semana? Trabajo para invitarle una torta a mi novia, para llevarla al motel, trabajo para no ser un desocupado, para darle alegría a mis padres, trabajo porque no sé qué otra cosa hacer, trabajo para comprarle un regalo a mi esposa o para mantener a mi amante, trabajo y no tengo tiempo para mí, no tengo tiempo para nadie, pero te juro que te lo compro, nada más deja ahorro y te lo llevo a tu casa; qué triste entonces es la vida de los que hacen por hacer, los que trabajan por trabajar y los que comen por comer.

Se habla en el libro contra el trabajo, pero también contra las prácticas monopólicas y los engaños familiares que nos hacen ser partícipes de un sistema que nos aplasta. Se habla de lo que somos como personas y de lo que podemos dejar de ser. Nos muestra caminos, claro que lo hace, si sabemos discernir lo que nos presenta.

Cuántos han querido asesinar a su jefe y se han conformado con una borrachera.”

La oficina es un campo minado, se tiene que andar con cuidado si uno no quiere salir herido; con tiento se puede llegar lejos, siendo inteligente. Pero en la oficina, ni el jefe ni los subordinados que se creen jefes son inteligentes, ni aquel que se encuentra más arriba y suelta la lana. Todos queremos avanzar chingando, formar parte del ejército que cada día sale sin pensar en el presente, sin detenerse a reflexionar sobre sus pasos, ¿por qué voy a esa oficina diariamente?, ¿por qué me aflige tanto estar del lado de los subordinados?, ¿por qué no encuentro un buen empleo donde no me denigren?, ¿por qué estudié comunicación? Surgen miles de cuestionamientos para hacernos la vida más miserable, porque no sabemos qué nos espera el día de mañana y si nuestros ahorros van a sobrevivir ante la crisis que de nuevo han inventado los que controlan el gobierno. Nada podemos hacer porque la quincena nos libra del hambre, porque responderle al patrón nos condenaría, porque el jefe es el que manda, porque no podemos matarlo aunque nos lo propongan: Mate a su jefe. Renuncie.

Escritos para desocupados nos abre los ojos a cuestionamientos tan básicos que deberíamos saber responderlos con claridad y decidir qué es lo que en realidad queremos para nuestra vida, para nuestro tiempo y espíritu. ¿Qué es lo que pretendemos salvar? Salvarnos para que seamos libres en la tierra y la muerte sea la que nos lleve, pero gozosos, llenos de la fuerza creativa que nos proporciona el ocio; no vivir muertos, para volver a morir sin remedio.

Si no podemos pensar, no podemos ensayar ni leer, si no tenemos tiempo para ser, no podemos descubrir lo que somos y queremos. El pensamiento se opaca y caminamos por el sendero que nos han dibujado, no el que hemos elegido. Este libro busca abrir las ventanas para que entre un nuevo brío, un aire que refresque las estructuras enmohecidas del tiempo, donde nos han visto la cara al manipularnos de todas las formas. La imaginación como una de las armas más poderosas, para tener una vida plena y no depender del poder corruptor de quienes afirman que el tiempo les pertenece y por consiguiente nuestra vida. Qué absurdo no tener tiempo para alimentar nuestro intelecto, qué absurdo no tener tiempo para pensar y decidir sobre nuestra propia vida, sobre nuestros pasos.

 

Escritos para desocupados

Vivian Abenshushan

Sur+

Páginas: 300

$200.00