Se podría decir que casi todo lo que sé de arte, lo he aprendido mientras estudio arquitectura, esto se debe a que estoy en una etapa (algo tardía en mi caso) donde el aprendizaje nos lleva a descubrir cosas nuevas, y por eso me he visto envuelto en la interacción de espacios donde es exhibido el arte para su apreciación, ya sean museos, galerías o exposiciones improvisadas en espacios culturales y demás.

Dentro de mi búsqueda por satisfacer mi sed de aprendizaje, (así también por compromiso con el lugar donde realizaba mi servicio social), un día fui a la inauguración de una exposición sobre “la ruptura y sus antecedentes” en un espacio cultural —Capilla del Arte de la UDLAP— de nuestra ciudad, fue entonces que este movimiento artístico captó mi atención.
Nunca había escuchado el concepto de ruptura, lo que yo entendía por el nombre de “ruptura” era algo relacionado con la ruptura que existe entre nuestra sociedad y la cultura, debido al modo de vida capitalista que llevamos, pero ya visto en un plano artístico no es así.

Ya conocía parte de la obra (aunque muy poco) de algunos de los exponentes, como José Luis Cuevas, así también conocía algo de sus antecesores como Rufino Tamayo o Mathias Goeritz.

Pero si en realidad quería aterrizar lo que manifestaba está exposición debía leer algo sobre este movimiento artístico, ya que vivimos en una época en donde el arte no solo es visual, sino que también debe llevar un discurso que lo justifique.

Para mi desgracia (a percepción o ignorancia) existen pocos libros que hablen sobre el tema, uno de ellos es “La generación de la ruptura y sus antecedentes” escrito por Lelia Driben (que curiosamente la exposición lleva por título el mismo que el libro, así también la curadora fue la misma autora del libro).

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En este ensayo publicado por el Fondo de Cultura Económica, la autora nos lleva con cierta cronología a través de los sucesos que hablan sobre la ruptura y cómo fue que surge, desde una pequeña galería en la Ciudad de México, hasta las últimas manifestaciones de este movimiento por parte de Francisco Toledo.

El libro funciona como referente para establecer las bases y poder comprender el movimiento, pero así como verdad absoluta de esta no, ya que faltó aterrizar ciertas ideas y conceptos para poder unificar lo que quiere expresar.

 

La ruptura fue un movimiento artístico surgido en México, como una contradicción a lo establecido por el muralismo, que tuvo sus orígenes en diversas corrientes artísticas como lo son el abstractismo, surrealismo, expresionismo abstracto, constructivismo, fovismo y dadaismo.

Este movimiento buscó incorporar valores más abstractos y apolíticos, buscando expandir su temática y estilo más allá de los límites establecidos por el muralismo, donde prolifero en sus conceptos de ejecución la abstracción, la energía y el movimiento.

No sé si en este punto se preguntarán, ¿Por qué un estudiante de arquitectura habla de arte? O ¿Por qué tanta curiosidad con la ruptura?

El arte y la arquitectura no son diferentes, tienen más relación de la que uno podría imaginar, ya que las dos viven de lo que expresan visualmente, pero independientemente de esto, deben tener una buen discurso que los fundamente, yo soy de los de la idea de que el arte le da a los arquitectos un poco de libertad creativa y la arquitectura le da a los artistas un marco donde moverse, es por eso que veo como necesario mezclar arte y arquitectura.

La ruptura fue una antesala a lo contemporáneo, donde después llegaría Gabriel Orozco y una horda de nuevos artistas plásticos queriendo emular su trabajo, por eso si uno quiere comprender el arte surgido en nuestro país, debe prestar atención a la ruptura, puesto que todas estas manifestaciones artísticas forman parte de nuestra identidad.

Y una nación sin identidad desaparece.

Leila Driben: La generación de la ruptura y sus antecedentes

Fondo de Cultura Económica

64 páginas

$195.00