Todo se consume en fragmentos, como las sobras de una escritura destazada. Auténtico disparate que en apariencia se muestra sin razón. Datos que confunden en el desconcierto de lo sabido y lo imaginado. Ideas escurridas entre los claros horizontales de las páginas. Un epígrafe perfecto: “Ahora me aboco a un experimento muy frecuente entre los autores modernos; consiste en escribir acerca de nada -Swift”.  Notas ridículas, irónicas, satíricas. Breves líneas que resultan propias para todo tipo de lector. Una soledad mancomunada para evitar tergiversar los motivos de comunicación fundamentales. ¿Por qué tienes que escribir así? Teniendo respuesta no del autor sino del propio texto: “El escritor está bastante tentado de dejar de escribir. / El escritor está mortalmente aburrido de inventar historias.” Liviandad de personajes memorables, de frases cotidianas, de historias conocidas. Una serie absurda que experimenta su escritura dejando de lado el protocolo de escribir. “La soledad del lector” que se traduce en fragmentos, mientras intenta obcecadamente definir que esto que se lee entre risas que fingen compañía, entre palabras bien articuladas que se siguen con el dedo para no perder su línea, ¡esto! pretende ser un texto novelado sin apariencia de ser real. Por tanto, el autor reitera que “esto no es una novela”  y por consecuencia esto no es un escritor.

 ° Esta mañana caminé hasta el lugar donde los barrenderos tiran la basura. Dios mío, fue hermoso.      Dice una carta de   Van Gogh.

  ° Una novela enteramente sin símbolos.

  ° William Butler Yeats murió de insuficiencia cardiaca.

                                         El día de su muerte fue un día oscuro y frío

  ° Hay una sola persona con derecho a criticarme, ¿entienden? Y es Picasso

                                                                            Dijo Matisse ya entrado en años.

    ° El escritor está escribiendo, por el amor de Dios.”

david-markson-8Un autor que experimentó su escritura influenciada por el existencialismo. Constructor de una estructura libre donde el escritor es un fantasma que ronda a la misma muerte literaria representada en el desprendimiento y desecho de una forma escrita convencional –matando los rasgos típicos de la escritura–, así como en los datos de muerte de los escritores (o mejor aún arropados por el suicidio), artistas, autores y personajes célebres de quienes habla. Las líneas breves resultan un ensamble laberíntico, un estilo aforístico que en un sentido seduce al lector atrevido que busca una propuesta diferente; pero que, en otro sentido, puede provocar desorientación y fatiga al lector que espera un texto bajo un formato clásico o habitual.

Una novela sin ningún tipo de indicio de argumento, le gustaría idear al escritor. Sin trama. Sin personajes […] Que sin embargo introduzca al lector a seguir pasando las páginas. Una novela sin escenario. Y que así y todo se llegue a algún lado […] Ivan Turguénev, a los diecinueve, durante un incendio abordo: ¡Sálvenme! ¡Soy el único hijo de mi madre!”

El ejercicio literario de Markson se desarrolla en una serie de cuatro títulos (que en ningún momento son consecutivos uno de otro; cada uno se lee de forma independiente) que mantienen en común el formato experimental, la manera de narrar y de dirigirse al lector. Cada uno presenta variación en su temática, misma que cobra su significado en la interpretación propia de cada lector. “La soledad del lector” (1996), primero, en donde la intimidad de estar solo busca el espacio para encontrarse con las letras, con la lectura. “Esto no es una novela” (2001) en seguida (ambos editados en la traducción al castellano por la editorial argentina ‘La Bestia Equilátera), en donde se cuestiona la posición del escritor ante la creación del texto, ante el formato de un  texto que pretende ser una novela, ante el intento por determinar quién tiene el carácter de decidir o definir si lo que se presenta es una novela o un poema épico o  qué. El tercer libro es “Punto de fuga” (publicado en castellano por la editorial mexicana ‘Verdehalago’).  Y la última, “Last Novel” (2007), que aún no se traduce al castellano.

° Dime te lo ruego, ¿cómo le va a la raza humana? ¿Se han erigido nuevos techos en las antiguas ciudades? ¿De quién es el imperio que hoy domina el mundo? Preguntó uno de los monjes del desierto del siglo IV, a la mayoría de cuyos nombres han quedado sin registro.

° Se acerca el tiempo en que habrás olvidado todo; y en que todo te habrá olvidado. Dijo Marco Aurelio.

° La acción y el argumento pueden tener un papel menor en una novela moderna, pero no pueden ser dejados totalmente de lado.

Dijo Ortega.

° ¿Nada más ni nada menos que una lectura?

° Después salgo de noche a pintar las estrellas.

Dice una carta de Van Gogh.”

esto-no-es-una-novelaEn muchas partes de la obra (mi experiencia lectora abarca hasta el momento los dos primeros libros) se percibe que el autor gozó desarrollando el ejercicio de escritura como un juego exclusivo para él –como si este fuese en todo momento su objetivo primario. Juego en el que se divierte armando su rompecabezas con frases sacadas de lecturas, con notas derivadas de ideas completamente opuestas unas de otras pero que hiladas funcionan en la transmisión de un mensaje al lector, con apuntes de distintos tipos que van estructurando una obra equilibrada que se desarrolla evocando referencias y que también divierte en su lectura. Un loco que por fortuna se materializó desamparado y ajeno a la basura estereotipada. Amigo de Lowry, influido por Kerouac, parangón de Chandler, testigo de “La Amante de Wittgenstein” (1988), esto no es un escritor, sino muchos escritores arriesgados que se conformaron dentro del cuerpo de un solo hombre que murió en Nueva York en junio del 2010 llamado David Markson.

 

David Markson

Esto no es una novela

La bestia equilátera

216 páginas