Escuchaba intentando disimular la pena, pero no podía dejar de mirarle la boca al pronunciar ciertas palabras (pero es que tiene unos labios que lucen deliciosos, en especial cuando sonríe y su boca tan coqueta se mueve hacia un lado). ¡Maldito nerviosismo! Por momentos me sentí arrepentida. ¡Yo y mi bocota!  “¿Qué es lo que más te gusta de tu cuerpo?” ¡Y así, sin pena, totalmente desinhibido, me estaba  hablando de sus intimidades, de su “cosa”! (aunque bueno… si es como lo cuenta, no debe ser una cosa tan fea). Agggrrr, ¡ay sí, pendejo! ¡Debe ser un pinche cogelón de primera! Un promiscuo maestro que así sin más, se pone a confesarle intimidades a cualquier taradita que se lo pregunte con tal de presumir… ¡Presumido como todos los hombres! Y de seguro ésas se lo creen porque yo… (Pero si no lo creo del todo, ¿por qué me inquieto? ¿Por qué siento acalorado todo el cuerpo? ¿Y esas veces en que me humedezco?) ¡Carajo! ¿Por qué no soy tan zorra como mis amigas? Así todo sería más fácil. Podría ir al cine gratis, comer en lugares padres, tener un chofer a cualquier hora del día, podría empezar los ahorros que tanta falta me hacen al evitarme varios gastos, una temporadita y, cuando me fastidie, pues a la chingada y me busco a otro. ¡Como él, que estoy segura que así debe de comportarse, el muy tarado! Con la misma frescura con la que se expresa de su pito bien podría decirle: “Sólo hablas. Hasta no ver no creer”. Coquetearle un poco, dar lugar para que el menso caiga redondo, reaccione y, atendiendo a la naturaleza fácil de los hombres, me responda: “Cuando quieras vamos a un lugar que te guste, donde la pasemos bien y lo comprobamos” ¡Y ya está! Pero eso sí, antes le saco una buena cena y ya después que pague un lindo hotel; disfruto un rato de los placeres del sexo (que, por cierto, tanta falta me hace), caricias, placer (después de todo feo no está). Un acostón saludable para calmar las ansias y después tan amigos como siempre. Y bueno, por sus estúpidas manías nos seguiremos viendo  en el ambiente del café y en el de sus pinches letras que tanto ama y, ¿quién sabe?, si me gusta, quizás hasta lo repitamos varias veces.

Pero… ¡Aaaaahhh, malditos hombres! En algunas cosas se sienten tan seguros.

Feijoo_desnudos

“El pene es lo que más me gusta de mi cuerpo. Tengo un lunar muy visible en el glande que lo hace verse apuesto y más con la tonalidad de un rosa firme y claro; nunca lo he tenido oscurecido −como esos tipos que parece que tienen un pedazo podrido de carne, oscuro como la cecina−, la piel de mi mejor amigo se ve y se siente con una suavidad muy rica, en especial cuando se me inflama de placer al mantenerse excitado. Lo mantengo libre, no me gusta tener un manojo de vellos, me resulta más estético y me parece una mejor forma de higiene”.

¡Uuuyy sí, príncipe!

Él ahí con sus jodidos libros que parece que le importan más de lo que le importa su madre; mientras yo como su pendeja, contemplando las babosadas que dice mientras hace pausa en su lectura –por cierto, “Los perros románticos”, sólo de imaginar una jauría de perros, ahí, todos enamorados y románticos, maullándole a una perra o a la noche… ¡Ay no, qué pinche risa! Bolaño, poesía… ¡pinches escritores locos, de veras! Dejaran de ser hombres. Pero no puedo negar que su charla me seduce, tiene un tono de paz que me envuelve, más cuando habla lento y pone esa mirada profunda y tierna; me dan ganas de escucharlo y escucharlo y escucharlo… Pero luego leo las cosas que le dicen, lo que le escriben todas esas viejas y recuerdo que el guey es hombre y de seguro uno mujeriego y entonces ¡quiero matarlo! No se da cuenta o se hace el occiso, pero bien que me fijo cuando pasan esas chavas bien nalgonas enseñando pierna o con los escotes y medio pecho de fuera (pues sí, deben ser de esas facilonas que se creen bien buenas, que les gusta calentar a todos para que las miren, siempre alertas a ver a quién pescan); o peor aún, ¡las pinches extranjeras!, que son más fáciles que nada, pues como allá son super liberales, vienen aquí y quieren andar encueradas todo el tiempo; en sus países se mueren de frío, por eso vienen a broncearse y a ponerse todas rojas mientras andan de exhibicionistas  poniendo boquiabiertos a todos esos mensos a los que traen babeando. ¡Mmmm… pero ahí sí los policías no dicen nada! Ésas no son faltas a la moral, ¿verdad? ¡Pero que los chavos les canten rimas en contra del gobierno en las plazas, ellos sí provocan desorden y faltas públicas! ¡Después de todo también son hombres! ¡Como éste! Dice que ese lugar le agrada, que desde ahí se siente cómodo y se concentra muy bien para trabajar. ¡Sí, cómo no! ¿Cree que me chupo el dedo? Quiere esa pinche mesa porque desde ahí ve sin problemas a toda vieja que pasa por enfrente y por la otra acera. “Desde mi mesa observo lo que pasa en la calle, tengo el control de un lindo espacio de trabajo que me inspira” ¡Sí cabrón! ¡Ves a las mujeres que te gustan! ¿Crees que soy pendeja?

Pero en fin, si me animo, lo voy a usar un rato. Ya dije, lo pruebo, me ahorro un dinero, un poco de sexo y bye mi amor. ¡Te me vas por un tubo! Salgo con él una temporadita, le permito que me cuente algunas de sus locuras literarias (igual se vuelve famoso y podría presumir que lo conozco), algunas de sus “múltiples” experiencias con chicas, de sus aprendizajes y visiones filosóficas de la vida, de aquellas dos veces cuando se salvó de la muerte, de cómo superó los traumas de la infancia y de todas esas cosas interesantes que saca de los libros…

-Y mira, hablando del rey de Roma… ¡Hola! ¡Ya tenías tres días sin venir!

– Sí, estuve ocupado atendiendo algunas cosas.

– ¿Qué cosas? ¿Qué te pasó?

(¡Ay no! Ahí va de nuevo y con lo que extrañaba su voz varonil y seductora que se escucha tan bien.)