El dato oculto como secreto: un cambio en la posesión del saber que nos permite otro arreglo narrativo. El dato oculto de Hemingway (cfr. Consejos a un joven novelista) es algo de lo cual tiene conocimiento el narrador. Su trabajo es administrar ese conocimiento. El narratario se ve forzado a formular hipótesis sobre cuál es ese dato y por qué obliga al personaje a comportarse de tal manera. El dato oculto como secreto es algo igualmente importante en el argumento de la novela cuyo camino al conocimiento nos es ocluido por el deseo del personaje de ocultarlo. Si Zoroastro fuera a terminar este párrafo diría: sólo hay dos tipos de secretos. Los que tienen consecuencias negativas, los que tienen consecuencias positivas.

PcE5w3o3-09spr_Klaus-MerzUna novela cuyo dato oculto es un secreto de consecuencias negativas es Las correcciones de Jonathan Franzen. La gracia en la trama de Franzen es que el secreto no parece obligar al narratario a formularse ninguna hipótesis. El comportamiento de Alfred Lambert se entiende como la natural hijoeputez de un buen macho americano. Su desmoronamiento mental debido al Parkinson nos permite ir vislumbrando el secreto a pedazos hasta que su aparición total nos deja con cierta sensación de engaño, de justificación doblemente mal entendida. Alfred Lambert guardaba un secreto sobre otra persona quien, en su escala de valores completamente jerarquizada según los principios del macho americano, necesitaba de toda su hijoeputez para ser defendida. No me ayudes, gracias.

Una novela cuyo dato oculto es un secreto de consecuencias positivas es El argentino (Bajo la luna, 2011) del escritor austriaco Klaus Merz. Zeiter, el epónimo personaje de la novela y de quien, incidentalmente, no conocemos su nombre hasta el último capítulo −quizás como signo y consecuencia de su secreto− es un abuelo relatado a través de las palabras de su nieta durante una reunión de ex-alumnos del propio argentino, un par de semanas después de su muerte. Zeiter decide viajar a América después de la segunda guerra mundial para convertirse, todavía en su juventud, en un gaucho de la pampa. Una alergia al pasto lo lleva a bailar tango en Buenos Aires. El secreto que nos mantiene escuchando las anécdotas de la nieta es por supuesto la causa por la cual Zeiter decidió regresar a Austria.

Quizás tamizado por la visión cándida de una nieta llena de admiración por su antepasado, el carácter de Zeiter se desarrolla en las antípodas de la naturaleza del mencionado personaje de Franzen. Se trata de un hombre estoico sin los bordes afilados de la inflexibilidad o la confrontación. Dispuesto al deber y al sentimiento de comunidad. Un hombre del que en cierta manera no se espera lo que el secreto revela, pero que no obstante, y como adelantaba, se aparece más completo, más humano, y mucho más consecuente al conocerse su pasado, lleno casi de lecciones de vida que repercuten de inmediato en su nieta y su particular narratario, un compañero de colegio que la escucha e introduce la historia.

Merz nos acerca además a este sujeto de manera paciente, con atención a los detalles y con lo que parece una contenida habilidad para medir las palabras −filtradas por una buena traducción de Gabriela Adamo:

Cuando la familia lo visitó por primera vez en el nuevo hogar  −él los recibió en el jardín de adelante−, abuelo imitó los gorjeos de las aves para la nieta y le describió el nacimiento de un ternero en el prado delante de su ventana, del que había sido testigo, con tanto detalle y precisión, que la madre de Lena no tardó en hacer un gesto disuasivo con la mano y amenazar con la partida. De inmediato abuelo hizo desaparecer el líquido amniótico en la tierra, barrió del campo las secreciones mucosas y los restos de sangre, dejó al ternero bebiendo en calma e imitó una vez más el canto del mirlo para la niña. Ves, dijo sonriente, entre mis zapatos ya crece la yerba.

El secreto de Zeiter lo acercó a su familia y le dio una lección de carácter a su nieta. Un secreto que quizás cambió su vida, la forma en que los demás lo percibían, pero sobre todo un secreto que él decidió mantener por respeto y amor, no por obligación. Al tratarse de una novela corta (también en el sentido argumental: el tiempo que tarda Lena en relatar la historia se puede medir por un partido de fútbol amateur que se lleva a cabo al lado del salón de fiestas donde se reúnen) que engloba toda una vida, mis palabras son esbozos para ilustrar los matices de la vida de Zeiter. Un secreto, quién sabe cuántos más. Como bien dice el narratario diegético de Merz: No todos los días se le moría una persona a uno, es decir, todo un mundo.