¿Qué nos incita a escribir sobre un libro? ¿Qué  se promueve cuando se reseña o se critica al autor o a la obra? ¿Qué motiva la defensa de posturas que le pertenecen sólo al escritor? ¿Será verdad que el libro se vuelve nuestro cuando lo leemos e intentamos ir más allá de las palabras? Incluso existen casos de querer conocer al hombre que escribió la novela, ¿es la edad la que nos hace sucumbir ante tal despropósito? Son cuestiones que se me presentan al intentar escribir sobre la reiteración temática en dos obras de Guillermo Fadanelli: Plegarias de un inquilino, libro de relatos editado por Cal y Arena en 2005, y El idealista y el perro, ensayos editados por Almadía en 2013.

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El motivo de este texto tiene que ver con una posición personal y crítica frente a la obra de Fadanelli, ya que es uno de los escritores vivos  en México, junto con Leonardo da Jandra, que forman parte del acervo de lecturas que más admiro. Pero también con la naturaleza del relato y el ensayo: el relato siempre será más amable, pero un ensayo nos mostrará otras aristas.

Escogí estos libros porque encuentro en el primero la materia prima que Fadanelli utiliza en el segundo, una buena forma de comenzar a ensayar los temas que desarrollaría ampliamente en futuros libros. Por ejemplo, encontramos en Plegarias de un inquilino el relato titulado “Elogio a la distracción”, donde escribe:

Si me preguntan en qué consiste para mí el acto de pensar no dudaría en responder de inmediato en pasear (vagar es también otro buen sinónimo de pensar). Salir a la calle para recorrer con mis propios pasos un poco de mundo.”

Esta cita es la tesis para los ensayos de Elogio a la vagancia, libro que le siguió o antecedió (no lo recuerdo) a En busca de un lugar habitable, ensayos donde nos explica el ocaso del humanismo, y  nos muestra otra faceta más de su quehacer literario.

Plegarias de un inquilino es un compendio de experiencias que dan vida a futuras reflexiones, en las que se nos revela un mundo inhóspito y decadente, pero también, veladamente, una esperanza donde el humor y la inteligencia deben aparecer para no caer rendidos ante la estupidez rampante de nuestros  días.

Por otra parte, El idealista y el perro se lee diferente, se escucha una voz madura y se nota una reflexión a paso lento;  imagino al autor tomando vino, ron o cerveza y escanciándolo  lentamente para que la meditación obtenga un grado sublime; después, escribiendo las conclusiones. Fadanelli escribe en El idealista y el perro:

Sugerir novelas a un joven lector resulta incómodo si quien recomienda los libros conserva algún resabio de pudor y alejamiento crítico: ¿qué autoridad posee un ser limitado por su propio gusto para buscar influir en la vida del joven, señalar caminos y formar el gusto de otra persona? Por muchas o pocas que hayan sido mis lecturas, no logro yo comprender del todo los mecanismos de la sugerencia literaria. Sería cándido pensar que al recomendar lecturas no se busca formar o modificar el gusto de los otros lectores, sino compartir conocimiento y placer.”

Al inicio, formulé que haría una comparación de los dos libros de Fadanelli, y ahora me encuentro frente a estas palabras en el relato “La azucarera”en Plegarias de un inquilino:

No cualquiera es un cínico a la manera de Diógenes que, según se cree, vivió hasta los noventa años y se dejó crecer la barba sin ningún orden. Es el cuerpo la única casa de los cínicos. Contra el pensamiento platónico que hace al hombre un habitante de las ideas, o en sentido contrario a la vergüenza cristiana, que esconde el cuerpo para concentrase en su señor, los cínicos alientan la impudicia: todas las pertenencias las llevan los cínicos en su propio cuerpo”

En el Idealista y el perro, escribe:

Pero la renuncia y la ausencia de bienes pueden representar formas de un placer sofisticado. Ésta fue la razón por la que Diógenes, el cínico, se recostaba en la plaza pública para mesarse las barbas y dejar que los humores de su cuerpo se hicieran más intensos con el calor del sol. Como un cínico consecuente, Diógenes llevaba todas sus pertenencias consigo y despreciaba profundamente a los poderosos.”

Estas citas en diferentes libros y fechas, refuerzan la idea que tengo sobre la reiteración de temas, pero también demuestran sus meditaciones y fijaciones. Diógenes siempre está presente en los libros de Fadanelli, en sus personajes y seguro en su vida, pero esto no tiene nada de raro, los creadores siempre regresan a temas que los obsesionan; y eso no lo digo yo, sino Esther Seligson en una nota sobre Cioran:

Si es verdad aquello de que todo creador es un ser obsesionado por una sola idea, una sola imagen o un solo tema, que empieza por ser una mera intuición, un ligero cosquilleo, un destello apenas perceptible, para irse convirtiendo poco a poco en una única locura, entonces no es extraño encontrarse de pronto con que, al estudiar y analizar la ‘evolución’ de la obra de un artista, ésta toca todo el tiempo un mismo punto que al final, al alcanzarse  los extremos, acaba cerrándose en un círculo.”

Quizá es lo que Fadanelli intenta: hacer y deshacer eternamente su obra, su única obra posible.

Veamos otro ejemplo. En El idealista y el perro, escribe:

La belleza viene acompañada de una gracia que la torna reconocible en sus gestos más sutiles, en su apariencia de belleza. Sólo a causa de esta razón es belleza: porque posee gracia y se acomoda en el tiempo como si no hubiera tiempo que la tocara o ella misma lo encarnara. Es belleza porque es muerte que se anuncia, y nos seduce a un extremo tal que nos hace más frágiles y cobardes de lo que comúnmente somos.”

En el relato,  “La mirada de Thérèse”de Plegarias de un inquilino, escribe:

La belleza excesiva es, hasta cierto punto, una fuente inesperada de tristeza. Cuando contemplamos un rostro hermoso, uno incapaz de ocultar su belleza, pensamos de inmediato en su eclosión, en el día no muy lejano en que dejará de ser atractivo y se trasformará en un saco de arrugas, en tumba musgosa. Entre más bella es una mujer más trágico será su destino.”

En estos ejemplos hay una muestra muy clara del paso del tiempo, de la reflexión en el ensayo y lo espontáneo del relato. El relato “La mirada de Thérèse”  habla de la belleza discreta y no de la belleza abstracta, un texto que sublima la oportunidad que tenemos de descansar sin esperar a que algo bello nos apresure el camino, contrario al ensayo donde tantea el terreno de la belleza y nos hace partícipes de sus conclusiones.

Con estos ejemplos fáciles intento reflexionar sobre el camino literario de Fadanelli y lo que nos podría ofrecer en su próximo libro, que parece que es el último, según escribió el autor en su cuenta de twitter. Me pregunto qué tanto podrá decir para despedirse, qué podemos encontrar en un libro que vendrá cargado con todas las experiencias de vida y de lecturas, de un escritor que se abrió camino con publicaciones potentes que podrían descalabrar a cualquiera que se pusiera en frente.

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