Hay ideas que se generan tras la lectura de un libro y que se mantienen ocultas cuando intentamos escribir una reseña, como si  huyeran de la página y se escabulleran cual animal temeroso; ideas que al pasar los días, emergen y husmean alrededor de nuevos pensamientos pero, insatisfechas, quieren plasmarse en la hoja, quieren existir. Las ideas que no se plasman, tejen una red de mentiras que es la trampa que las ahogará. Quizá debemos dejar ir muchas de ellas. Que se vayan con el silencio, con las palabras de otras lecturas, con el devenir alocado de información. No podemos caer en la tentación de volver sobre los pasos, y reescribir continuamente la historia a favor de ellas. Pero algunas ideas se plantan frente a nosotros y nos incitan a regresar a los libros ya leídos, porque acaso no se esclareció el ambiente, porque surgieron nuevas preguntas muy alejadas ya del tema escrito, de lo que pensábamos que se había guardado y no se volvería a tocar.

Escribir sobre libros es nadar en las  ideas de otros, pero que uno persigue para lograr sus fines, para transformar la vida o la mirada, para ver de otra manera; para eso leemos, o para eso leo yo. La capacidad de las ideas para escabullirse es igual a la del hombre. Uno siempre va en contra de las reglas generales, imponemos desde nuestra mirada, pero tenemos la capacidad de entendernos y cuestionarnos sobre nuestro comportamiento.

En algunos casos, las reseñas se vuelven inconclusas porque no hay nada que pueda terminar con ese ciclo de lectura y escritura, lectura y reseña, lectura y pensamiento. No se puede leer si no se tiene tiempo de pensar, leí por ahí. La lectura es todo y es nada, es el anuncio en los periódicos y es la novela de García Márquez.

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La lectura es no llegar a ningún camino.¿Qué me dijo el libro de Roberto Saviano, aquel que acometí con voluntad, pero que no terminé por desidia, libro que nos habla de la cocaína como el motor actual del mundo, más allá del amor y de la fraternidad? ¿Qué conclusiones, qué ideas, qué sentimientos se presentaron cuando caminé por aquellas palabras? No lo recuerdo. Escribir una reseña de Cerocerocero, implicaría verter los datos del libro a mi texto: fechas, nombres, tipos de armas utilizadas por los narcotraficantes, administraciones políticas corruptas, señores del narco, países, historias de decapitados, el control de los medios de comunicación, todos los políticos inmiscuidos…

La lectura como trinchera, la lectura como un sentido lúdico de propensión para conocer cualitativamente el instinto del hombre y por dónde camina. Las ideas son costumbres que se degradaron, pero que pueden volver a dar frutos si se sabe sembrar en la tierra adecuada. El mundo de las ideas es entonces una biblioteca donde tendremos tanto discos duros como todos los libros que se conciben en el mundo.

Aquí algunas ideas sobre libros que se han quedado a la deriva:

Leí Escritos para desocupados. Antes de asistir a los últimos ensayos, me había dado cuenta de que Vivian Abenshushan leyó Punks de boutique de Camille de Toledo, no sé qué fue, algo en el estilo, algunas palabras expresadas, algunos autores citados. Quizá descubrí un punto clave. Leí algunos ensayos de  La escuela del aburrimiento y me parecen contundentes por su carácter científico. Las pruebas que nos arroja el experimento son ricas en prosa, son excelentes protestas contra la eficiencia. Invita a seguir el modelo que nos haga dueños de los pensamientos que se generan cuando uno tiene tiempo para sí mismo. ¿Qué podemos hacer ante estas ideas que se desprenden de los libros?

El segundo caso proviene de otra lectura: El vino dela juventud de John Fante.

Más que una idea esuna queja. La editorial Anagrama debería contratar a un traductor mexicano para llevar acabo la loable labor de traducir novelas, cuentos, obras de teatro, ensayos, poesía, de autores extranjeros con un lenguaje donde nos reconozcamos, y por fin dejemos la ostia a un lado. No hay mucho qué decir después de lo que ya escribí en la reseña sobre el libro. Fante,en realidad, fue un escritor con agallas, con esa fuerza que nace desde un punto irreconocible en el cuerpo, pero que engendra obras sinceras y profundas.

Lo que pensamos después de leer un libro se queda guardado en alguna parte de la mente. Como cualquier situación embarazosa de la vida,  el tiempo se encarga de ocultarla o de borrarla. Es la mente la que juega con nosotros y nos hace pensar que regresar a la misma idea puede llevar a entender mejor la existencia, pero la verdad es que no. Las ideas que generamos frente a los libros leídos mueren solas, se esconden en el sótano para no salir, las cargamos para enfrentarnos con el destino inexorable que es la muerte. No podemos dejar pasar esto de largo si deseamos que la lectura sea la linterna que alumbre nuestro sendero, aunque sea el mismo que nos llevará a la tumba, así sea.